Dos organizaciones quieren reducir los residuos que llegan a una playa.
Una busca voluntarios. La otra prepara materiales para explicar cómo separar la basura. Cada una dedica horas a conseguir contactos, resolver dudas y convocar gente. Comparten objetivo, pero todavía no comparten una conversación.
Imaginemos que alguien las presenta.
Descubren que una tiene relación con comercios de la zona y la otra conoce a quienes pueden recibir los materiales recolectados. Entre ambas pueden resolver algo que por separado seguía incompleto: qué pasa con los residuos después de recogerlos.
El esfuerzo empieza a rendir de otra manera.
Ahí está el valor de construir juntos. Y también una oportunidad que dejamos pasar cuando pensamos cada proyecto desde nuestra propia organización.
Lo que cambia cuando abrimos la conversación
Las alianzas estratégicas en sostenibilidad permiten reunir capacidades que rara vez están en un solo lugar. Conocimiento del territorio, recursos, experiencia técnica y relaciones con personas que confían en cada participante.
Pero juntarnos exige estar dispuestos a modificar el plan.
En este ejemplo hipotético, quizá la prioridad termine siendo trabajar con los comercios para reducir ciertos residuos desde su origen. Tal vez la jornada de limpieza se convierta en el inicio de un trabajo continuo. Algo que ninguna de las dos organizaciones había considerado puede aparecer al escuchar a la otra.
Por eso preferimos empezar con una pregunta concreta: ¿qué podríamos lograr juntos que hoy no estamos pudiendo resolver?
La respuesta ayuda a decidir a quién invitar, qué puede aportar cada parte y qué compromisos hacen falta. También permite reconocer cuándo una alianza sólo está sumando nombres a una presentación.
Que haya más logotipos no significa que el proyecto esté avanzando.
Para sumar a otros, hay que hacer comprensible lo que estamos haciendo
Volvamos a las dos organizaciones.
Si cada una publica la misma foto con un agradecimiento general, habrán anunciado que colaboraron. Pero habrán dejado fuera lo más útil: qué problema están atendiendo, cómo se complementan y dónde puede participar alguien más.
Contarlo bien abre posibilidades.
Los comercios pueden entender qué práctica necesitan cambiar. Una escuela puede encontrar una actividad en la que sus alumnos puedan participar. Otra organización puede reconocer una necesidad que sabe resolver.
Cada participante acerca el proyecto a personas distintas. Y cada persona necesita entender qué tiene que ver eso con ella.
La comunicación es parte de cómo una alianza crece. Vuelve visible el trabajo, explica sus avances y ofrece una entrada a quienes podrían sumarse.
Como planteamos en Del reporte a una historia que deja huella, tener información valiosa es apenas el punto de partida. Hace falta encontrar qué merece contarse y darle una forma que otros puedan comprender y utilizar.
Multiplicar también implica hacerse responsables
Conviene distinguir entre llegar a más personas y conseguir que algo mejore.
Una campaña puede circular mucho sin que sepamos qué cambió gracias a ella. Por eso, antes de comunicar una alianza, necesitamos acordar qué buscamos lograr, quién responderá por cada tarea y cómo revisaremos el resultado.
Después toca contar con honestidad. Reconocer a quienes hicieron el trabajo, explicar lo que sigue pendiente y evitar que la promesa crezca más rápido que los hechos.
También vale la pena revisar cómo difundimos. La huella de carbono del marketing digital nos recuerda que comunicar tiene una huella propia. Elegir canales y contenidos con criterio forma parte de la misma responsabilidad.
En Huella Lab creemos que una buena estrategia debe facilitar esas conexiones: ayudar a que una organización encuentre aliados, que los aliados sepan cómo participar y que más personas entiendan por qué vale la pena involucrarse.
Al final, la alianza, el reporte y la campaña son herramientas. Su valor está en lo que permiten hacer.
Si logramos que se reduzcan residuos, que un recurso se cuide mejor o que más personas puedan sostener una acción ambiental, entonces el esfuerzo compartido habrá servido. Ésa es la diferencia que buscamos: que organizarnos mejor termine haciendo menos daño al lugar que todos habitamos.
Salim Neme Abraham Farah
Fundador y director creativo de Huella Lab